Sólo otro comment a las columnas que me hacen querer cambiar el mundo, léala aquí:
PROTOTIPO LIBERTARIO (no se deje engañar)
Le tengo dos conceptos:
1. La capacidad de la persona. Si usted sugiere que debe haber un ente "superior" (que en realidad debe estar supeditado a las personas) que regule las relaciones de cualquier índole de los individuos, usted expresa que las personas no tienen la capacidad de hacerlo por sí mismas, de buscar lo que más les conviene o lo que mejor les parezca.
Si las drogas se venden, no venga con pseudo-argumentos de moralidad, ya que nadie puede decidir cómo se maneja usted en su escala de valores. Usted escoge, se droga o no. Si usted es una persona con sus capacidades mentales ajustadas, puede decidir por sí mismo lo que quiere para sí. Un niño no lo puede hacer, una persona con discapacidad mental tampoco... pero un joven de 22 sí, al igual que una mujer de 86, y todos los que se encuentran dentro de ese rango y alrededor, exceptuando a los antes mencionados.
NO promuevo el consumo de drogas, pero ¿por qué crear el morbo de lo prohibido alrededor de ellas? ¿por qué creer que las personas no pueden pensar ni decidir por sí mismas en cuanto a ellas respecta? ¿por qué quitar la responsabilidad de los padres de inculcar a sus hijos los valores y prin
cipios que ellos consideren correctos, como: no relaciones sexuales antes del matrimonio, no alcohol, no cigarros, no drogas?... ¿o el Estado también debe incurrir en esas relaciones, educación y círculos?
¿Le gustaría que a sus hijos les impusieran una unión homosexual para saber si son o no homosexuales?
No se trata de legalizar la droga... sino de considerarla como lo que es: un bien. (Si es bueno y si lo consume, queda a criterio de cada quien).
Por último, no se trata de acusar a los liberales, libertarios, comunistas, social-demócratas, o quienes sea... se trata de responsabilizar a las personas por sus acciones y por sus libertades, que le son inherentes a su calidad de ser humano y de persona.
Y como segundo concepto, que mencione al principio, le propongo: Sinceridad intelectual. Acepte cuando no está en lo correcto. Examine, investigue, conozca y entienda lo que suscriben los demás. Refute con argumentos pertinentes, en base a la realidad y no a una ideología.
- Mercedes Azurdia
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miércoles, 29 de abril de 2009
lunes, 10 de marzo de 2008
Solución a una interrogante...
Ayer conocí a un hombre ciego que decidió salir a caminar solo por su pueblo. Me contó que caminó sin rumbo, sin destino, como era de esperarse. Le dolieron sus pies, y no renunció. Le temblaron las rodillas, y no renunció. Se sentía fatigado y tremendamente cansado... y no renunció. Caminó tanto que de pronto, aquel barullo que calificaba a su pueblo desapareció. Se encontraba en algún otro lugar. Se ensimismó en el nuevo mundo que le era presentado por sus sentidos y se enamoró, se apasionó. Hace años que no le permitían salir, aquellas personas que lo cuidaban, hace años que le decían que el mundo no era apto para él. "Se burlarían de un ciego", le decían constantemente, infundiéndole miedo del exterior. Hasta entonces su mundo lo habían comprendido él, sus pensamientos -cada vez más enajenados-, y las voces de aquellos semejantes. Días monótonos vivía sin descanso. Hasta ayer. Ayer encontró libertad y al amanecer encontró la luz.
La misma historia se repite en los labios de todos los que estamos en la plaza, pero de cada boca se escucha diferente personaje.
YO, una mujer ciega, decidí caminar sola por mi pueblo. Caminé sin rumbo ni destino. Vinieron las pruebas, los obstáculos y no pude renunciar. Estaba cansada de mi vida monótona, de aquella voz que me decía que era preciso que yo me mantuviera como siempre... porque en mí era imposible el cambio. Hasta esa noche que llegué a esa plaza. Recibí libertad... recibí la vista al amanecer.
Todos los que llegamos ahí, vemos a un gran hombre, que camina a nuestro lado, y dice: "Yo te traje aquí".
En ese momento me dí cuenta que la mujer detrás de aquella voz que me había "consentido" toda mi vida... había muerto. Murió un lunes. Y aunque la extraño tanto, porque la amé, ya no la quiero recordar, ni llorar. Porque nunca fue sincera conmigo, jugó con mi mente, con mi corazón, con mi vida. Me mantuvo atrapada, castigada y aislada. No la odio, porque no puedo odiar a una finada... pero quisiera hacerlo.
La misma historia se repite en los labios de todos los que estamos en la plaza, pero de cada boca se escucha diferente personaje.
YO, una mujer ciega, decidí caminar sola por mi pueblo. Caminé sin rumbo ni destino. Vinieron las pruebas, los obstáculos y no pude renunciar. Estaba cansada de mi vida monótona, de aquella voz que me decía que era preciso que yo me mantuviera como siempre... porque en mí era imposible el cambio. Hasta esa noche que llegué a esa plaza. Recibí libertad... recibí la vista al amanecer.
Todos los que llegamos ahí, vemos a un gran hombre, que camina a nuestro lado, y dice: "Yo te traje aquí".
En ese momento me dí cuenta que la mujer detrás de aquella voz que me había "consentido" toda mi vida... había muerto. Murió un lunes. Y aunque la extraño tanto, porque la amé, ya no la quiero recordar, ni llorar. Porque nunca fue sincera conmigo, jugó con mi mente, con mi corazón, con mi vida. Me mantuvo atrapada, castigada y aislada. No la odio, porque no puedo odiar a una finada... pero quisiera hacerlo.
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