lunes, 29 de diciembre de 2008
no estás
no te puedo imaginar más
la muerte me acecha... aquí está
escribe a mi lado, imagina conmigo
es una lástima que sólo vivas en mi mente
pesar es para mí que ya no te encuentre
quisiera que regresara el negro de la noche a la ventana mía
y así poder contemplar tu caricia sin la culpa que te enfría
desearía recobrar el sabor de aquellos besos tuyos
y poder arrancar el dolor del cual huyo
estúpido miedo que alejaste a mi amor
intenso animal... ¡me arrunaiste!
oh! tortuosa muerte que me das
maldita suerte que me ha tocado
ya nada puedo más
sino alejarme de este mundo alocado
dame la respuesta
expresa ese "no"
termina la espera
desesperante silencio
inusual mentira
agobiante pecado
engaño profundo
corazón herido
muerte sin fin
jueves, 9 de octubre de 2008
Asesoría Urgente
Soy yo, la que no me permito seguir sin dejar esto claro. Porque al final del camino me duele reconocer que no estoy en el nivel que creí estar. El nivel sobre el cual actuaba y respondía.
Y es que Dios tiene maneras duras pero perfectas para hacernos entender, para bajarme de las nubes.
Y es que hay cosas más importantes, mucho más importantes. Hay personas, hay amigos, hay confidentes.
Y no es excusa. Porque sé que la culpa recae en mí. Y no hay explicación, sino sólo un vago intento de decir una ridícula razón que al final no significa algo, pero que es la verdad.
Y es que me cuesta aceptarlo, pero debo hacerlo. Dejé al orgullo entrar en mi vida y se arraigó en mi mente, lo dejé descontrolarme y actué como no debí.
Las consecuencias las debo vivir y afrontar. Y me duele mucho. Me duele saber que herí y que un lazo que se había creado tan perfecto, lo rompí en segundos. Y sí, fue mi responsabilidad.
Pensé que vivía en un piso más alto, pero me doy cuenta que no he salido del sótano. Ese piso será mi meta. Pero sé que no pertenezco ahí, al menos no ahora.
Perdón, porque he fallado y he herido. Perdón, porque nos decepcioné. Perdón por dar lugar a un malentendido.
Me resta decir que sigo adelante, con la cabeza baja y con la mirada confusa. Con un tremendo pesar por saber lo que me ha costado esta lección, porque me angustia no saber si algún día lo recuperaré.
jueves, 25 de septiembre de 2008
Amor cortés contemporáneo
No podía resistir sus pensamientos, no podía sacarla de su mente y, paulatinamente, ella llegó a su corazón.
Ella no lo sabía y nunca lo supo. Jamás se lo contó, nunca lo expresó. Aunque en sus ojos se leía, en su cara se reflejaba el profundo deseo de su alma. Ella lo intuía.
Quería dejarlo todo por ella, pero no podía. Sentía la culpa demasiado arraigada, tenía el miedo muy integrado a su ser y actuar. Pero debía ser valiente, debía sufrir por su amor, debía doler cada una de sus caricias y matar cada uno de sus besos.
Por ella sufría, por ella reñía, por ella moría.
Aún así, debía reprimir su pasión y así lo hizo.
Murió. Por supuesto. Murió por amor. Murió en dolor, con vergüenza, con tristeza y únicamente acompañado de su Soledad.
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¡Qué bello poder expresarle al ser querido el amor, la pasión y la entrega que uno tiene para con él!
¡Qué bello no tener que esconder los deseos profundos del corazón y expresarlos como un amor dulce, sincero y verdadero!
Aunque el amor cortés propone un vínculo entre una mujer casada (inalcanzable) y un hombre joven (inexperto e ingenuo), debe ser el amor más sufrido, más callado, más apasionado.
Sin ser ético o moral, sin ser correcto, sin ser aceptable, y considerado como una forma de rebeldía, el amor cortés existió para darnos, a los que sufrimos de algún tipo de trastorno, un suspiro de pertenencia y un tierno pero recio susurro que expresa: "no eres la/el única/o".
Al saber de muchos más que aman a quien es imposible de amar y a quienes viven por quien es imposible de vivir... me sublimo a la realidad que me es imposible conocer.
Porque tal vez me da esperanza, porque tal vez me hace sentir de nuevo esta pasión que carcome mis entrañas.
¡Qué bello poder expresarle al ser querido el amor, la pasión y la entrega que uno tiene para con él!
¡Qué bello no tener que esconder los deseos profundos del corazón y expresarlos como un amor dulce, sincero y verdadero!
¡Qué bello ese momento en que la vida se define, perdemos el control y el amor toma las riendas de nuestros corazones!
Me resta esperar. Esperar ese momento.